Nace en Barcelona. Estudia el último año de la doble diplomatura de Logopedia y Magisterio de Educación Especial en Blanquerna, una facultad que pertenece a la Universitat Ramon Llull de Barcelona.
Estela dice:
Siempre le ha encantado bailar, con dos añitos, todavía sin saber andar, se agarraba de una silla y empezaba a bailar, le emocionaba, y cuando se daba cuenta de que no estaba cogida a la silla se caía. A los 4 años empecé a hacer psicomotricidad, y ya el siguiente año me pasé a Gym Jazz hasta los 17 años. A los 16, durante un año estuve en un pequeño grupo que formamos desde el polideportivo de Gavà, junto a Rut, en el que salíamos a bailar los fines de semana, al empezar a media parte y al final del partido de básquet de nuestra localidad. Hice un curso de formación en ANEF para ser instructora de Hip Hop, pero por problemas de salud no tuve más remedio que aparcarlo a un lado, y cuando me encontré mejor para bailar ya había pasado casi un año, y no volví a retomarlo. Bailar siempre ha sido mi manera de desfogarme, de desconectar, de olvidarme de todo, como una sensación de libertad, y sentirme yo misma en todos los sentidos, mi mejor manera de sentirme bien.
Llevo yendo a Sandunguita desde hace 7 años, iba por allí con mi familia a tomar algo, y a que mi hermana y yo bailáramos un poco. Hasta que con la llegada de uno de los animadores hubo un cambio de música en el local, todo se fue haciendo cada vez más latino, y yo veía como de vez en cuando venía una profesora de salsa que bailaba con el animador. Me quedaba boquiabierta, como el resto del local, pero nunca pensé en llegar a bailar como ella, ése fue mi primer contacto con la salsa. Al cumplir los 17 años, este animador se acercaba de vez en cuando a sacarme a bailar, sin yo tener ni idea, me costaba mucho dejarme llevar; cada vez iba soltándome un poco más, y cada día me iba gustando más. A partir de ahí, se puede decir que empecé a bailar más habitualmente cuando empezamos a salir por Barcelona a diferentes salsotecas, ya con 19 años. Fue el hecho que me permitió aprender cada día más, salía una vez a la semana durante 4 horas, y bailaba desde que entraba hasta que salía de allí sin parar.
Cuando Rafa nos propuso formar parte del proyecto, me ilusioné en seguida. Soy de las personas que piensan que las cosas pasan por algo, así que realmente estoy dispuesta a llegar donde sea necesario con esto, tanto en los mejores momentos como en los más difíciles, y aportando cada día lo mejor de mí al grupo y a mis compañeras, por supuesto.
Estela dice:
Siempre le ha encantado bailar, con dos añitos, todavía sin saber andar, se agarraba de una silla y empezaba a bailar, le emocionaba, y cuando se daba cuenta de que no estaba cogida a la silla se caía. A los 4 años empecé a hacer psicomotricidad, y ya el siguiente año me pasé a Gym Jazz hasta los 17 años. A los 16, durante un año estuve en un pequeño grupo que formamos desde el polideportivo de Gavà, junto a Rut, en el que salíamos a bailar los fines de semana, al empezar a media parte y al final del partido de básquet de nuestra localidad. Hice un curso de formación en ANEF para ser instructora de Hip Hop, pero por problemas de salud no tuve más remedio que aparcarlo a un lado, y cuando me encontré mejor para bailar ya había pasado casi un año, y no volví a retomarlo. Bailar siempre ha sido mi manera de desfogarme, de desconectar, de olvidarme de todo, como una sensación de libertad, y sentirme yo misma en todos los sentidos, mi mejor manera de sentirme bien.
Llevo yendo a Sandunguita desde hace 7 años, iba por allí con mi familia a tomar algo, y a que mi hermana y yo bailáramos un poco. Hasta que con la llegada de uno de los animadores hubo un cambio de música en el local, todo se fue haciendo cada vez más latino, y yo veía como de vez en cuando venía una profesora de salsa que bailaba con el animador. Me quedaba boquiabierta, como el resto del local, pero nunca pensé en llegar a bailar como ella, ése fue mi primer contacto con la salsa. Al cumplir los 17 años, este animador se acercaba de vez en cuando a sacarme a bailar, sin yo tener ni idea, me costaba mucho dejarme llevar; cada vez iba soltándome un poco más, y cada día me iba gustando más. A partir de ahí, se puede decir que empecé a bailar más habitualmente cuando empezamos a salir por Barcelona a diferentes salsotecas, ya con 19 años. Fue el hecho que me permitió aprender cada día más, salía una vez a la semana durante 4 horas, y bailaba desde que entraba hasta que salía de allí sin parar.
Cuando Rafa nos propuso formar parte del proyecto, me ilusioné en seguida. Soy de las personas que piensan que las cosas pasan por algo, así que realmente estoy dispuesta a llegar donde sea necesario con esto, tanto en los mejores momentos como en los más difíciles, y aportando cada día lo mejor de mí al grupo y a mis compañeras, por supuesto.
